
La familia está sometida a constantes cambios que hacen que sus subsistemas tengan realinease. Debe evolucionar con el tiempo, adaptándose a las circuntancias cambiantes, haciendo los reajustes que le permitan actualizarse.
Para que las pautas de interacción familiar contribuyan con la salud de esta entidad, los cónyuges deben negociar las fronteras que van a regular su relación con parientes, amigos y demás personas. Deben definir claramente nuevos límites que les permitan el crecimiento íntimo como pareja y al mismo tiempo mantenerse en contacto con los demás.

Con la llegada del primer hijo la familia comienza con otro estadio, el subsistema parental, la pareja ahora tiene nuevamente que redefinir sus reglas y pautas de interacción para llevar acabo esta nueva etapa. Tiene que negociar con nuevos contactos con la familia extensa, abuelos, tíos, primos, etc. Y el mundo exterior.
Cuando el niño empieza a caminar y hablar, los adultos, tienen que modificar sus pautas de crianza y crear nuevas para mantener el control a la vez que alientan al niño a crecer.

Con el nacimiento del segundo hijo, las pautas establecidas, y que hasta el momento habían funcionado, tienen que ser revisadas para dar paso al subsistema de los hermanos.

Cuando el niño empieza a ir a la escuela la familia experimenta un cambio brusco. Lo que hasta ahora había sido un asunto meramente familiar, tiene que relacionarse con un nuevo sistema más amplio, de gran importancia para la familia. Por lo deben negociarse ciertos ajustes, modificar límites de manera que permitan mantener el contacto y también dejar espacio para que el niño pueda tener la libertad de reservarse algunas experiencias.

Con la adolescencia, los hijos experimentan gran interes por su grupo de iguales, la familia pasa a interactuar con nuevo sistema que la obliga al reacomodamientos de las reglas imperantes hasta ese momento, los temas de autonomía y control tienen que ser renegociados en todos los niveles, para que pueda producirse un crecimiento, tantos de los hijos como de los padres. Lo que dará inicio a una separación sana.

Cuando los hijos llegan a la adultez crean su propio estilo de vida, compromisos, carreras, amigos y, probablemente, una pareja. Por lo que la familia de origen vuelve a ser de dos (nido vacío). Padres e hijos deben de nuevos volver a renegociar las formas en que se relacionaran de ahora en lo adelante.
En esta etapa los padres pueden retomar los proyectos que fueron abandonados por haber tenido que afrontar la responsabilidad de la crianza de los hijos.
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