El incesto

Cómo madre o padre debemos estar atentos a crear fronteras dentro de nuestra familia que protejan a nuestros niños del INCESTO.

En la mayoría de las culturas, la infancia es un período de experimentación sexual y privacidad respecto del sexo. Ambas cosas deben ser respetadas por los padres. Los niños pueden sentirse ofendidos si sus padres emiten sonidos reveladores de sus actividades sexuales delante de ellos o son tocados en sus partes privadas; lo consideran una violación de las fronteras. Como terapeutas familiares, nos basamos en la necesidad de que existan fronteras, sobre todo en el tema de la transgresión sexual dentro de las familias.

En los últimos tiempos, se ha hecho cada vez más evidente el grado en que los niños sufren agresiones sexuales tanto dentro como fuera de la vida familiar, y el ataque sexual se considera hoy en día un problema muy serio. Una experiencia de agresión sexual tiene efectos nocivos prolongados sobre el autoimagen y la capacidad de mantener relaciones sexuales saludables.

El problema del incesto, aunque sin duda ha habido progreso, sigue siendo difícil de enfrentar para las familias. El incesto suele implicar un sufrimiento y una patología extremas. Por lo regular la familia es incapaz crear coaliciones apropiadas a fin de defender al menor. Deberían existir fuertes controles, emanados no sólo del padres sino también de la madre, para evitarle daños al menor. Cuando estos límites se trasgreden, el incesto tiene mayores probabilidades de concretarse. Es esta ruptura de las fronteras familiares lo que conduce al incesto y su consiguiente patología. Como terapeutas, debemos tender a esclarecer las fronteras internas y los modos en que la coerción contribuye a la patología. Debemos asegurarnos de que la conducta incestuosa no se repita. Nuestras prioridades son, ante todo, la protección del niño, y después la transformación del sistema familiar. El incesto es un problema clínico en que se debe proceder de inmediato, pues es sumamente destructivo. El incesto y la agresión sexual en general, presenta patrones que son muy difíciles de cambiar. Al encarar un caso de incesto, el terapeuta familiar trata no sólo con la familia sino también con el sistema más amplio. Nuestra tarea es transformar el sistema de modo de detener el incesto.

Para que ésto suceda la familia debe asumir la responsabilidad de iniciar el cambio a producirse en sistema que rompa con los patrones disfuncionales existentes dentro de ella. Debe ser lo suficientemente flexible como para avanzar en una dirección positiva.

Las familias incestuosas suelen tener un estado psíquico de aletargamiento ante la coacción. Es importante, por lo tanto, tratar a todos los miembros de la familia que hayan sido coaccionados, para reparar el daño.

En muchos casos, la madre también ha sufrido agresiones y necesita sentirse defendida, o experimenta sentimientos de culpa. Es importante que aprendan a darle prioridad al bienestar de sus hijos, a defenderse no sólo ellas mismas sino también a los hijos.

Si en tu familia se están dando situaciones que podrían propiciar una conducta incestuosa, busca ayuda profesional.

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