
Hay personas que experimentan temor a envejecer. Se resisten a ello, esconden su edad incluso a sus familiares cercanos. Son aquellas que suelen someterse a procedimientos estéticos con expectativas exageradas. Esperando resultados irreales.
Las dominan un miedo irracional y persistente a envejecer, y el profundo deseo de ser “eternamente joven”. A veces, este deseo está acompañado de gerontofobia, o temor irracional a los mayores o a los coetáneos, si se es viejo. Estas personas se involucran en actividades, relaciones amorosas o diversiones impropias para su edad. Pueden someterse a incontables cirugías plásticas, en su afán por mantenerse joven. Son jóvenes irreales. Para ellas el hecho de cumplir años no es grato y en ocasiones no se disfruta de la edad, sea cual sea.
Una forma de ayudar a estas personas es sugerirles que participen en grupos compuestos por individuos de la misma edad y que el grupo propicie la “reminiscencia”. Que los integrantes del mismo hablen de acontecimientos pasados de su infancia o juventud. Recordar y contar acontecimientos antiguos. Esta técnica sencilla hace que los miembros del grupo se aproximen por afinidad al hecho de que todos pertenecen a la misma generación. Esto les hace ir tomando poco a poco conciencia de su edad y, a la vez, disfrutar de ella. El cambio de mentalidad suele ser gradual, no aceptamos que nos hemos hecho mayores de la noche a la mañana, requiere tiempo y paciencia. Vivir el presente y disfrutar cada experiencia, vivir cada día como si fuera un regalo y con calidad; libre de pensamientos constantes en el futuro y expectativas que puedan llevar a producir ansiedad o depresión
Las personas pasan por cuatro etapas: infancia, juventud, adultez y vejez. Y cada una de ellas tiene ventajas y desventajas. Deberíamos aprender a disfrutar de cada una.
El tiempo no nos afecta a todos de la misma manera, la actitud que se tome frente a cada una de estas etapas vitales, jugar un papel importante. Hacer cosas que de verdad nos gusten y apasionen podría ser de gran ayuda. Así como entender el envejecimiento como un privilegio.
Cuando uno llega a una edad adulta, por lo general, ha adquirido experiencia y sabiduría.
Es importante centrarse en aspectos positivos, sentir que uno ha llegado hasta donde ha llegado viviendo su vida y teniendo experiencias, razón más que suficiente para sentirse orgulloso y feliz.
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