
Las personas tiene una forma de pensar acerca de la conducta. Es que se organiza en torno a cosas muy duraderas que se denominan «creencias». Cada vez que alguien opina sobre lo que es importante o no es, se basa en sus «creencias».
Podría pensarse que toda la conducta es movilizada por nuestras creencias. Por ejemplo, los padres no invertirían tanto tiempo en sus hijos pequeños si no creyeran que eso es bueno. Antiguamente los padres solían impedir que los niños recibieran demasiada estimulación, creían que eso los convertía en hiperactivos; ahora les dedican muchísimo tiempo a los estímulos, porque creen que con ello contribuirá a su desarrollo intelectual.
Las creencias son cosas realmente fenomenales. Pueden impulsar a gente muy sensata a matar a otros seres humanos por una idea, e incluso a sentirse bien al asesinarlos. En cuanto logran que una conducta calce dentro del sistema de creencias de una persona, puede ser arrastrada o impedirle cualquier cosa.
Al mismo tiempo, las creencias evolucionan. Uno no nace con ellas. Todos cuando éramos niños creían cosas que ahora consideramos absurdas y pasadas de moda. Y hay otras cosas en las que creemos, ahora, en las que antes ni pensábamos creer. Como que los carros podrán volar, por ejemplo.
No importa la edad que tengamos nuestras creencias pueden cambiar. Si tienes creencias que te limitan o que te ocasionan dificultades. Te podemos ayudar.
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